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Las aventuras de la China Iron

Gabriela Cabezón Cámara · 2017

Tesis Central

En Las aventuras de la China Iron, Gabriela Cabezón Cámara convierte el viaje físico por la pampa argentina en un viaje epistemológico y político: a través del cuerpo, el deseo y el lenguaje, la protagonista sin nombre ni historia se transforma en sujeto narrante y fundadora de una comunidad utópica. La novela no solo subvierte al Martín Fierro —el texto más canónico de la identidad nacional argentina— sino que propone que la emancipación verdadera solo es posible cuando se abandona la dicotomía civilización/barbarie y se abraza un mundo donde el género es fluido, el trabajo es colectivo y la familia se construye por elección y amor.

1. Género y Contexto

La novela pertenece a la narrativa argentina contemporánea y puede inscribirse dentro de la literatura de género, queer y poscolonial que revisita los textos fundacionales de la identidad nacional. Opera como una reescritura paródica y subversiva del Martín Fierro (1872-1879) de José Hernández, poema épico considerado la obra canónica de la literatura gauchesca argentina. Mientras el texto original narra las desventuras del gaucho desde su propia perspectiva masculina y heroica, Cabezón Cámara le da la voz a quien en la obra de Hernández carece de nombre propio: la esposa del gaucho, "la china".

El contexto de producción —la Argentina del siglo XXI, con debates activos sobre feminismo, identidad de género y derechos LGBTQ+— tiñe la novela de una profunda carga política. La autora desmonta los valores del texto fundacional y propone en su lugar un universo donde el placer, la diversidad y la vida en comunidad son el verdadero proyecto utópico.

2. El Narrador

La novela emplea una narración en primera persona: China Iron habla desde un presente ya estabilizado —el de las islas del Paraná, donde vive con su comunidad Iñchiñ— recordando su viaje iniciático. Este narrador es retrospectivo y confesional, con plena conciencia de la distancia entre quien fue (la "china", esposa anónima de Fierro) y quien es ahora (Josephine Star Iron, sujeto pleno con nombre propio, lenguas, deseos y pertenencias).

La voz narrativa es notablemente lírica y poética, con largas frases que se extienden y doblan sobre sí mismas, imitando el vaivén de la pampa y el río. La percepción sensorial —colores, olores, texturas, sabores— es tan importante como los hechos.

3. Personajes

China Iron / Josephine Star Iron (protagonista)

La protagonista es el centro de un arco de transformación radical. Al inicio es una joven de aproximadamente 14 años, sin nombre propio, sin historia personal reconocida, entregada en matrimonio a Martín Fierro luego de ser "ganada" en un juego de naipes. El viaje la convierte en sujeto: adquiere nombre, lengua, saberes y, sobre todo, deseo propio. Su arco va de la invisibilidad total a la fundación de una comunidad, de objeto a sujeto narrante.

Elizabeth (Liz)

Mujer escocesa de pelo rojo que parte hacia el interior en busca de su marido y para hacerse cargo de una estancia. Es el primer agente de la transformación de China: le da nombre, ropa, té, letras, lengua y amor. Encarna el Imperio Británico en sus aristas más seductoras pero también en sus contradicciones. Su amor por China es real pero también funcional, lo que la torna ambigua.

Rosario (Rosa)

Gaucho solitario que se une a la caravana. Encarna la marginalidad masculina criolla: mató a su padrastro para proteger a su madre, desertó del ejército, cuida animales huérfanos y doma caballos hablándoles. Con los Iñchiñ recibe el nombre Millaray y se integra plenamente a la comunidad.

Hernández (el Coronel)

Estanciero y hombre de letras que construye como una amalgama del José Hernández histórico y el proyecto civilizatorio liberal del siglo XIX argentino. Habla de progreso, industria y nación, mientras sostiene un régimen de trabajo forzado y violencia sistemática. El personaje denuncia la hipocresía del discurso fundacional: los versos del Martín Fierro son en su versión robados al gaucho cantor.

Martín Fierro / Kurusu

El marido de China aparece tardíamente: vestido de túnica de plumas, con trenzas, rebautizado Kurusu (nombre guaraní femenino), adoptando el rol de madre cariñosa de una multitud de niños. La novela lo redime convirtiéndolo en un ser de género fluido que pide perdón por sus crímenes y vive feliz en comunidad.

Kaukalitrán

La guerrera indígena que se convierte en la gran compañera de China. Encarna la libertad que la novela propone como horizonte utópico: fuerte, hermosa, líder política y militar, artista (poeta), viviendo en un mundo donde el género no determina el rol ni la identidad.

4. Trama y Estructura

La novela se divide en tres partes que corresponden a los tres espacios del viaje iniciático. En la primera parte, El Desierto, China abandona la tapera y se sube a la carreta de Liz, donde comienza el aprendizaje de lengua, nombre, lectura y deseo. En la segunda, El Fortín, las protagonistas llegan al fortín del Coronel Hernández, donde China descubre la explotación sistémica detrás del discurso civilizatorio. En la tercera, Tierra Adentro, el encuentro con la comunidad indígena Iñchiñ es el clímax y la resolución: China se integra, se une a Kaukalitrán y reencuentra a sus hijos y al transformado Fierro.

5. Tiempo y Espacio

La novela transcurre en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX, el período de la llamada "Campaña del Desierto". Los espacios se articulan como una geografía moral: la pampa es el espacio de la libertad y la formación; el fortín es el espacio del poder disciplinario; las tolderías indígenas y las islas del Paraná son el espacio utópico donde el género es fluido, el trabajo es colectivo y la autoridad es horizontal.

6. Temas y Símbolos

El nombre como identidad

China no tiene nombre: "that's not a name", le dice Liz. El acto de nombrarse —Josephine Star Iron— es la materialización de la subjetividad. El nombre es territorio: tener uno es existir políticamente.

El cuerpo y el deseo como formas de conocimiento

La novela plantea una epistemología corporal: China aprende el mundo a través de los sentidos. Las telas, los sabores, los aromas, los besos son formas de conocimiento tan válidas como la lectura. El deseo lésbico y luego queer es el eje de su emancipación.

Civilización y barbarie invertidas

La dicotomía sarmientina es sistemáticamente subvertida. Lo "civilizado" —el fortín, el ejército, la estancia— es el espacio de la violencia y la hipocresía. Lo "bárbaro" —las tolderías, los indios, el desierto— es el espacio de la libertad y la vida. La autora propone que la organización social indígena contiene los gérmenes de una sociedad más justa.

La luz como motivo central

La novela abre con "Fue el brillo" y cierra con imágenes de luz y luminiscencia. El brillo es la señal de lo vivo, de lo que vale la pena: el cachorro Estreya, el pelo rojo de Liz, el diamante, los flamencos, el Paraná. La luz es la metáfora del deseo, de la libertad, de la vida plena.

La familia como construcción

La novela propone un modelo de familia radicalmente alternativo al nuclear patriarcal. La familia de China al final incluye a Liz y Oscar, a Kaukalitrán y sus hijas, a Fierro/Kurusu y los hijos compartidos, a Rosa/Millaray, al perro Estreya. Esta familia no se funda en la sangre ni en el matrimonio sino en el deseo, la elección y el cuidado mutuo.

Conclusión

En Las aventuras de la China Iron, el viaje físico por la pampa es también un viaje epistemológico: a través del cuerpo, el nombre, el deseo y el lenguaje, una mujer sin historia se convierte en sujeto narrante y fundadora de una comunidad utópica. La novela es, ante todo, un acto de justicia literaria y política: devolverle la voz a quien el texto canónico de la nación argentina había dejado sin nombre.

Resumen con spoiler completo

Punto de partida: la leva y la fuga

La narradora es una joven de aproximadamente catorce años que vive en un caserío de la pampa argentina, a fines del siglo XIX. Fue entregada muy joven al gaucho cantante conocido como Martín Fierro —quien la "ganó" en un juego de naipes—, con quien tiene dos hijos. Un día, el ejército se lleva a todos los hombres del caserío, incluido Fierro. Lejos de lamentarlo, la joven siente por primera vez algo parecido a la libertad. Deja a sus hijos al cuidado de un matrimonio de peones y sale de la tapera con solo su perro negro, Estreya.

La carreta: Liz y el nuevo mundo

La protagonista se sube a la carreta de Elizabeth, una mujer escocesa de pelo rojo que parte hacia el interior para encontrar a su marido Oscar y hacerse cargo de una estancia. En la carreta comienza la transformación: Liz le da su primer baño con jabón, su primera ropa fina, su primer espejo. Y le da algo aún más importante: un nombre. "That's not a name", le dice cuando la joven se presenta como "la China". Así nace Josephine Star Iron.

Se une a ellas Rosario, un gaucho errante que doma caballos hablándoles y adopta animales huérfanos. Los cuatro forman una familia de viaje. La relación entre Josephine y Liz se erotiza gradualmente: un beso inesperado la abre a un mundo de deseo que no sabía posible.

El fortín: Hernández y los crímenes del progreso

El viaje los lleva al fortín Las Hortensias, gobernado por el Coronel Hernández. Es al mismo tiempo un proyecto educativo y un régimen de trabajo forzado. Hernández recibe a Liz con fascinación y a Josephine (disfrazada de joven inglés, Joseph Scott) con condescendencia. Josephine reconoce en los versos que Hernández cita como propios las canciones de su marido Fierro: el coronel los ha plagiado y los ha convertido en herramienta de disciplinamiento.

La noche en el dormitorio de Liz es el primer encuentro amoroso pleno de las dos mujeres. Liz diseña una salida: organiza una enorme fiesta con ponche para toda la estancia. Mientras todos duermen la borrachera, veinte trabajadores escapan con caballos y herramientas. Josephine, Liz, Rosa y Estreya parten también, llevando el diamante de la abuela de Liz.

Tierra adentro: los Iñchiñ y el paraíso

La caravana llega a las tolderías de la comunidad indígena Iñchiñ junto a la laguna Kutral-Có. Son hermosos, libres, vestidos según el deseo y no según el género. Bajo los efectos de unos hongos sagrados, Josephine y Kaukalitrán —guerrera, poeta y líder política— se unen en la laguna en un amor que es también fusión con el mundo natural. Liz reencuentra a Oscar. La comunidad acoge a todos.

Fierro aparece entre los indios, transformado: lleva trenzas largas, una túnica de plumas rosas, el nombre Kurusu, y se ha convertido en la madre cariñosa de muchos niños. Ante todos canta su confesión a Josephine: que mató a Raúl (el amor verdadero de ella) por celos, que la ganó en las cartas, que los versos del libro de Hernández eran suyos. Pide perdón. Josephine lo perdona.

Las islas del Paraná: la utopía realizada

Ante la amenaza de la Campaña del Desierto, los Iñchiñ se mueven hacia las islas del Paraná, donde el río les da protección y sustento. La comunidad vive en casas flotantes que suben y bajan con el río. El trabajo es colectivo y rotativo. No hay división de género en los roles ni en las identidades.

La novela termina con la imagen de la comunidad migrando en silencio por el Paraná en la niebla del otoño, invisible para los soldados argentinos: un pueblo que se esfuma para sobrevivir, que lleva su mundo consigo. Es una imagen de resistencia, de vida y de libertad.


Datos editoriales: Gabriela Cabezón Cámara. Las aventuras de la China Iron, Literatura Random House, Argentina, 2017.